La búsqueda de un avivamiento
Un avivamiento es un mover sobrenatural del Espíritu Santo sobre un país o grupo de personas. Cuando esto ocurre las vidas, en grandes cantidades y afectando a la ciudad, son movidas a convertirse al Señor. Inexplicablemente se empiezan a interesar en las cosas de Dios y son movidos a buscar la Palabra con hambre y sed, con desesperación; Dios afecta e impacta a toda la sociedad.
¿Desea que eso ocurra? Sí es así, bien, va por buen camino. Porque un buscador de Dios no es egoísta ni se guarda la gloria del Señor para sí, sino que, además de la presencia, también busca un avivamiento.
¿Es posible un avivamiento en la sociedad actual?
Quizás parezca increíble, incluso imposible a los ojos humanos. La sociedad actual pareciera estar inmersa en un espíritu de perversión, descontrol, maldad, tan alejados de Dios que el pensamiento humano no comprendería cómo Dios podría interesarse en esas personas. Pero ¿sabe qué? Dios ama a todos, somos su creación, aun cuando algunos no lo reconozcan. “El verdadero avivamiento es cuando la persona más ‘difícil’ e inalcanzable que conoces viene a Jesús en contra de toda probabilidad y posibilidad”, dice Tenney. Dios quiere revelarse entre nosotros, “ni siquiera los inconversos que pasan serán capaces de resistir”.
El avivamiento en la Biblia: la historia de Jonás y Nínive
Lea el libro de Jonás. Seguramente conozca la historia: un hombre de Dios que huye luego que el Señor lo mandara a Nínive a llevar su palabra. En la huida se topa con una tormenta en alta mar, es arrojado al agua y un gran pez lo devora. En el vientre del animal Jonás comprende su error y ora a Dios. El pez lo escupe y una vez en tierra firme el Señor lo vuelve a enviar a Nínive. Esta vez sí obedece a la voz de Dios y Jonás predica y toda la ciudad es transformada. Eso es un avivamiento.
Varias cosas podemos sacar de esta historia, una de ellas es que el avivamiento llega para todos. Dios planeaba destruir la ciudad, pero el arrepentimiento de las personas, incluido el rey, llevó al arrepentimiento de Dios: “Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo” (Jonás 3:10). “Nínive era el lugar más improbable para un avivamiento en sus días”, sin embargo ocurrió.
El avivamiento comienza en cada persona
Ese despertar debe comenzar en cada uno de nosotros y seguir en la iglesia hasta estallar fuera de ella. Se trata de llevar la luz de Dios a cada rincón done reina la oscuridad. Cuando entra en una habitación por la noche, con la luz apagada, ¿cuál es su primera reacción? Seguramente buscar la tecla para iluminar el lugar y poder ver. Cuando por fin la encuentra, se encienden la luz y todo queda a la vista, esa luz llega a todos lados. Debemos hacer lo mismo por nuestra ciudad, por nuestra nación. “Si alguien puede encontrar la perilla de la luz, la gloria de Dios inundará esas ciudades”.
Buscar el avivamiento es comprender que no se trata de nosotros sino de Dios, nada de lo que hagamos con nuestras manos llevará a ese despertar, sólo podemos rogar por su presencia, anhelarla, desearla hambrientos de ella. No importa nada de lo que hagamos, sólo importa que Dios se manifieste. Dice el autor: “Estoy cansado de tratar de hacer las obras de Dios con las manos del hombre. Lo que necesitamos para un avivamiento nacional es una y solamente una cosa: necesitamos que Dios se presente”.
Hablar de avivamiento es hablar de algo que está muerto y que es traído de regreso a la vida. Quizás muchos se alejaron del camino del Señor, quizás reniegan del Él y se oponen a todo lo que establece en las escrituras. Tal vez nuestro interior está muriendo y aún no nos hemos dado cuenta. El avivamiento es para todos, para que volvamos a la vida de Cristo, sin otra explicación más que la del Espíritu Santo tocando las vidas haciendo que corran a Él con desesperación.
La iglesia como punto de partida del avivamiento
“Avivamiento es cuando la gloria de Dios explota de las cuatro paredes de nuestras iglesias para correr a través de las calles de la ciudad”. La iglesia debe ser el punto cero, el centro de ese avivamiento, no por el hecho de llamar la atención, sino porque es la iglesia la que tiene la tarea de interceder por la sociedad que la rodea, y debe ser ejemplo. Imagínese que en su casa deja la canilla de la cocina abierta, el desagüe se tapa y la pileta comienza a llenarse. En unos minutos el agua comienza a desbordar y corre imparable hacia cada rincón de la casa. Así es el despertar de Dios, las iglesias son esa pileta que comienza a llenarse de la gloria del Señor, pero llegado el punto crítico, desborda y la presencia corre hacia cada rincón, corre por las calles inundando a cada persona haciendo que se vuelva a Él. Pero la iglesia sigue siendo el lugar donde hay más abundancia de “agua”. Vaciar la pileta hará que el agua deje de correr por todos lados.
“Debido a que este gran avivamiento está basado en la gloria de Dios y su presencia, y no en las obras del hombre, no puede ser contenido dentro de las cuatro paredes de las iglesias. La gloria de Dios debe brotar hacia el mundo”.
Avivamiento y arrepentimiento: una transformación profunda
Sin embargo, el hecho de que el avivamiento es para todos no es lo único que aprendemos de la historia de Jonás. También vemos que para que eso ocurra debe haber una transformación personal, un quebrantamiento. Jonás se negó a llevar la palabra de Dios, quiso huir de su presencia, la consecuencia casi le cuesta la vida y allí alcanza el arrepentimiento. “No hay atajos para el avivamiento o para la venida de la presencia de Dios. La gloria de Dios solamente viene cuando el arrepentimiento y el quebrantamiento lo lleva a ponerse de rodillas, porque su presencia requiere pureza. […] No podemos esperar que los demás se arrepientan a esa profundidad si tú y yo no estamos dispuestos a caminar continuamente en ese nivel de arrepentimiento”.
El autor es claro en cuanto a esto y nos anima a buscar ese avivamiento cada día, primero a nivel personal: “debo advertirte que algunas veces serás quebrado para ser perfeccionado. Esta es la forma en que ocurre. Te animo a permanecer y sumergirte en la presencia del Señor en cada oportunidad. Cuando te acercas a Dios, no te apures ni te precipites. […] Permite a Dios hacer una gran obra en tu corazón y en tu vida”.

