El papel de la música en la adoración
En entradas anteriores hemos dicho que en la Biblia encontramos dos maneras principales de adorar a Dios: por medio de la oración y también con el canto. En el libro de los Salmos, que podríamos decir que servía de “himnario” para los creyentes del Antiguo Testamento, encontramos la letra de muchos cánticos de adoración. Por cierto, este es el libro más largo de la Biblia, lo que nos da una idea de la importancia que Dios da a la música.
Sin embargo, habiendo dicho esto, hay que decir también que es un error limitar la adoración exclusivamente al canto, porque también encontramos otras muchas ocasiones a lo largo de la revelación bíblica en las que diferentes personas adoraron a Dios por medio de sus oraciones.
Y por otro lado, no todas las canciones que cantamos son de adoración y alabanza a Dios. Y aunque en muchos círculos se asocia “la alabanza” con el periodo dedicado a la música, esto no es exacto. Hay himnos en los que el tema es la confesión, o la petición de protección, o la acción de gracias por algún don recibido… pero no la adoración. Así que, si buscamos adorar a Dios con nuestra música, será necesario elegir bien las canciones, prestando especial atención a su letra.

Los peligros de la adoración
La música, como todas las cosas buenas que Dios ha creado, se puede usar de una forma inapropiada. Y no cabe duda de que el uso de la música en la adoración a Dios conlleva varios peligros de los que ninguno estamos libres. Reflexionemos sobre algunos de ellos:
Dejarse llevar
En primer lugar, en algunas culturas es muy fácil dejarse llevar por el ritmo de la música sin pensar en nada de lo que dice su letra. En otros casos podemos tararear canciones cristianas “pegadizas” sin reflexionar en ningún momento en su contenido. Otras veces la música tiene ritmos tan “fuertes”, que es casi imposible entender su letra. En todos estos casos, no es posible tener una experiencia de intimidad con el Señor que nos lleve a una auténtica adoración. Debemos recordar la exhortación del salmista: “Cantad con inteligencia” (Sal 47:7). Porque cantar o escuchar música cristiana sin prestar atención a lo que se dice, no es algo que debamos identificar con la adoración.
El enfoque
En segundo lugar, y es muy triste decirlo, parece que muchas veces los cristianos se fijan más en los cantantes que en Dios mismo. Parecen sentir por ellos una fascinación similar a la que los del mundo tienen por sus ídolos musicales. Pero el tiempo de adoración no es para exhibirnos a nosotros mismos, o los dones que Dios nos ha dado, sino para dirigir nuestras miradas hacia Dios. Siempre existe la tentación de convertir esos dones y talentos en el centro de la adoración, usurpando así el lugar que legítimamente sólo le corresponde al Señor. Los cantantes cristianos tienen una gran responsabilidad en este punto.
Lo material
En tercer lugar, también existe el peligro de pensar que Dios está más presente en nuestra adoración cuando contamos con buenos medios técnicos, bien sea de sonido, iluminación, coros, cantantes famosos… Pero eso no es cierto. De hecho, esto nos puede llevar fácilmente a la arrogancia. El profeta Isaías nos ha dejado un hermoso versículo que conviene recordar en relación a esto: “Así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Is 57:15). A Dios no le impresiona nuestra super organización, porque él es el Alto y Sublime, el que habita la eternidad. Y su presencia en nuestras vidas sólo está garantizada por un corazón quebrantado y humilde ante él.
El solista
En cuarto lugar, en muchas ocasiones se han sustituido los himnos congregacionales que todos los creyentes podían cantar juntos, por otro tipo de canciones que sólo pueden ser cantadas por un intérprete sobre un escenario. Esto priva a la iglesia de identificarse adecuadamente con la adoración, dejándola en manos de los “profesionales”, mientras que el resto de la congregación sólo puede dar palmas y aguantar de pie por largos periodos de tiempo sin poder hacer otra cosa.
Cuestión de negocios
En quinto lugar, a nadie se le escapa el hecho de que en el día de hoy la música cristiana se ha convertido para algunos cantantes en un importante negocio que no sólo les reporta grandes beneficios económicos, sino también fama y popularidad similares a las de los cantantes del mundo. Y con el fin de ampliar su mercado, no dudan en imitar los ritmos mundanos o de alternar canciones dedicadas al Señor con otras de carácter totalmente profano. Más allá de grabar un disco o hacerse “famoso”, existe una triste realidad en la que muchos músicos y cantantes ven la plataforma de la iglesia como el único lugar visible al que pueden aspirar a fin de mostrar lo que son capaces de hacer esperando un reconocimiento a cambio.

Conclusión
Tengamos cuidado de no cometer estos errores, debemos autoevaluarnos constantemente, pues todo el tiempo luchamos contra estas cosas. Nuestro objetivo como ministros (a diferencia de simples músicos o cantantes) es ser lo más invisibles posible, que no nos vean a nosotros, sino a Dios en nosotros. Al ejecutar un instrumento, cantar una melodía, debemos ser conscientes de lo que estamos haciendo, para quién y con qué fin. Al momento de estar frente a la congregación representamos a Dios y debemos ser sensibles a su Espíritu para que pueda obrar con libertad y no ser de tropiezo.
Ahora bien, habiendo considerado algunos de los peligros que puede haber cuando se utiliza la música en la adoración, debemos volver a enfatizar que su uso correcto no debe ser nunca despreciado. Por el contrario, aunque no necesitamos la música para adorar a Dios, sin embargo, la Biblia nos enseña que es un aspecto importante de nuestra relación con él. Como ya hemos dicho, todo el libro de los Salmos es un buen ejemplo de esto. Y en nuestro tiempo es muy importante que el Señor siga levantando a hermanos con dones que sean capaces de crear nuevas composiciones musicales que nos ayuden en nuestra alabanza a Dios por medio del canto.

