Adoración y servicio

adoración y servicio

A veces la adoración puede parecer algo muy teórico y abstracto, pero de ninguna manera podemos entenderlo así. El Señor Jesús nos enseñó que adoración y servicio tienen que ir íntimamente ligadas.

Mateo 4:10 dice que “entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.”

La adoración que no involucra nuestro servicio a Dios no es verdadera. Hacerlo bien implica la entrega a Dios de nuestras energías, tiempo, trabajo, lealtad, amor, todo cuanto somos y tenemos; y también implica el servicio a nuestros semejantes.

Hebreos 13:16 expresa: “Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios”; Filipenses 4:18, por su parte sostiene: “Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios.”

Estos dos pasajes emplean los sacrificios del Antiguo Testamento para ilustrar que la ayuda mutua entre los creyentes debe formar parte de la adoración que Dios desea recibir. Por lo tanto, la adoración es algo muy práctico.

Muchas formas de servir

Muchas veces se confunde el servicio con participar de un ministerio visible en la iglesia (alabanza, escuela bíblica, limpieza, entre otros), sin embargo hay muchas formas de servir. Es bueno poder participar en diferentes ministerios que participan activamente en los cultos, pero no son la única forma. Muchos encuentran su servicio en la ayuda o asistencia a otros.

El hecho de estar dispuestos a ayudar, aunque creamos que las oportunidades se presentan de manera esporádica, también es servir. Recordemos lo que dice Mateo 25:35-40: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”.

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